Se vuelve hacia mi, tu voz que escupe rabia.
Se vuelca mi soledad y la tuya.
La del resto no corre. No importa,
mientras sepamos qué hacer.
Escucho atenta esa ira.
Miro tus ojos rojos.
Toco tu piel, y tus manos gruesas.
Afuera la calle gris no ayuda a pensar,
y el invierno parece llevarse todo, incluso
las pocas cosas buenas que nos quedan.
Detesto cuando pienso en fatalidad
y en que terminaran pronto los momentos buenos.
No quiero ser parte de eso que quieres matar.
Porque me pone feliz estas tardes y noches
de música, besos y risas que siempre están en tu casa o la mía.
Me pone nerviosa el camino a tu casa.
Y ansiosa el esperar en tu entrada.
Me insegurizan tus tardanzas, pero me calma tenerte.
Poco temblor es lo que debemos sentir.
Quedémonos juntos y deja que el frío se lo lleve todo,
quédate con lo que realmente quieres
y toma las melodías que están sin ser tocadas.
Hacia mi llegó un viento.
Indescriptible, y con olor a nosotros
llegó la ira.
La inmadurez.
El amor,
y todo lo poco o mucho que nos conocemos.
Los pájaros
miércoles, 20 de julio de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario